viernes, 28 de junio de 2013

Venezuela: ¡DENUNCIAMOS Y REPUDIAMOS LA POLÍTICA DE LA FAPUV Y APUCV DE PONER EL RECLAMO DOCENTE AL SERVICIO DE LA POLÍTICA DE LA OPOSICIÓN BURGUESA!

Caracas/ Venezuela:


¡NO EN NOMBRE DE LA LUCHA DE LOS TRABAJADORES UNIVERSITARIOS!
¡NO MARCHAMOS EL SÁBADO 29!

En los últimos días las principales direcciones gremiales de los profesores universitarios –dirigentes que en su mayoría son de orientación pro oposición burguesa– han avanzado en ir desplazando el contenido concreto de la lucha docente (por salarios, el reconocimiento de conquistas como las Normas de Homologación y el reconocimiento de las organizaciones representativas de los docentes), lucha justa y legítima que hemos acompañado, para llenarla de un contenido político cada vez más cercano y empalmado con las banderas de la oposición burguesa expresada en la MUD, al punto extremo de que para el próximo sábado 29 la marcha que debía ser convocada por las justas demandas de los trabajadores y trabajadoras docentes, con sus propias banderas y consignas, será una marcha totalmente encuadrada en la política de esta oposición proimperialista, impulsada con protagonismo por dirigentes de la ultraderecha como Leopoldo López y Corina Machado.

Por eso, sin que esto implique abandonar la lucha docente ni apoyar al gobierno/patrón en su política, decimos bien en alto que ¡así no! ¡Rechazamos totalmente esta maniobra de las principales burocracias del gremio profesoral! ¡No vamos a esa marcha que solo servirá de apoyo a otro proyecto político patronal, y la repudiamos! ¡Redoblamos el llamado y la apuesta a que los profesores, empleados y obreros y estudiantes universitarios que están con la lucha legítima, que están por preservar su carácter de clase, su independencia, sin subordinaciones a intereses políticos ajenos a la misma, a batallar contra estas direcciones burocráticas para arrebatar de sus manos la dirección de la lucha!

Gobierno y oposición encajonan la lucha de los trabajadores en su pugna por el poder

Esta denuncia que hacemos a la dirigencia de la FAPUV y APUCV por intentar llevar el conflicto por caminos que no obedecen a los intereses de la lucha docente, no exime en modo alguno al gobierno de esta misma lógica. ¡Por todos los medios y de todas las maneras posibles, ambos bandos patronales quieren arrebatar el carácter propio de cada lucha de los trabajadores para ponerla al servicio de sus respectivos proyectos políticos: unos para mantenerse en el poder político, otros para acceder a él! ¡Y ambos bandos cuentan con sus respectivas burocracias sindicales y gremiales ante los trabajadores para facilitar ese trabajo!

En el camino de hacer frente a la intransigencia patronal del gobierno, cosa correcta porque hay que hacer frente al desconocimiento de las Normas de Homologación y de las organizaciones gremiales de los docentes, al acuerdo salarial insuficiente y a la criminalización de la protesta, estas direcciones profesorales en lugar de buscar apoyarse en la más amplia democracia y participación masiva de la base docentes, estudiantil, de empleados y obreros universitarios, busca encuadrar el conflicto en las movidas políticas reaccionarias de la MUD.

El gobierno, sin embargo, ha sido el principal responsable de encajonar la lucha de los docentes en la polarización política con la oposición, desde el inicio del conflicto, hace meses, cuando aún no había paro indefinido ni parcial. Estableció una línea de reconocimiento o no de organizaciones gremiales donde el criterio era quienes estaban o no con el gobierno, aceptó negociar solo con aquellas dirigencias afines al gobierno, y fustigó y descalificó desde siempre la legítima y justa medida de lucha –el paro indefinido– como mera "desestabilización política de la derecha", movió a sus grupos estudiantiles a combatir la medida legítima de lucha salarial y gremial "porque es un paro de la derecha", incluso, descalificó como “guarimbas” y “guarimberos” (¡es decir, barricadas de la clase media derechizada que quería salir de Chávez por la fuerza entre 2002 y 2005!) las marchas o trancas de calles que llevaron adelante empleados y obreros dirigidos. Es así pues que el gobierno ha sido uno de los promotores de desplazar el contenido real de la lucha de los trabajadores docentes hacia al terreno de su puja política con la oposición patronal, esgrimiendo ese argumento para cubrir su política de no otorgar un aumento salarial digno, de no reconocer a las direcciones gremiales que no le son afines, desconocer derechos laborales como las Normas de Homologación, y justificar el uso de los tribunales para impedir el derecho a huelga a través de éstos, intimando a las direcciones gremiales, el otro promotor ha sido la dirección burocrática profesoral. Además, el gobierno en la convención colectiva que discute –como es solo con sus sindicalistas afines– insiste en imponer elementos ideológicos y programáticos propios de su proyecto político, es decir, imponiendo como condición para la firma del contrato colectivo del conjunto de los trabajadores universitarios una definición ideológica y política específica. ¡Todo lo que pudo hacer para polarizar el conflicto lo hizo!

Las burocracias del gremio profesoral responden al gobierno “en el mismo tono”: encuadrando el reclamo en el esquema del otro bando político de poder

El gobierno pactó un acuerdo salarial con las burocracias sindicales chavistas, en el cual se concretaba una recomposición parcial del salario, pero a cambio de desconocer representaciones gremiales de los trabajadores que afilian a decenas de miles (como la FAPUV y demás asociaciones por universidad), abrogándose para sí, como patrón y como gobierno, el derecho de decidir quiénes representan y quiénes no a los trabajadores, algo totalmente inaceptable, pues es un derecho que corresponde únicamente a los propios trabajadores, en este caso, a los profesores y profesoras. También el acuerdo implicaba desconocer las Normas de Homologación, que contemplan actualizar los salarios cada dos años de acuerdo al índice inflacionario del BCV. Y al mismo tiempo el gobierno mantenía la criminalización de la lucha, al intimidar con los tribunales a los dirigentes docentes, pretendiendo imponer el fin de la huelga mediante órdenes judiciales pedidas por militantes estudiantiles del chavismo.

Con ese acuerdo salarial y las medidas de los tribunales buscaba debilitar el paro profesoral y a sus direcciones, pero estas han entrado de lleno a echarse a los brazos de la oposición, entregándoles en bandeja un conflicto a partir del cual desarrollar su demagogia y sus movidas políticas. Desde la LTS y Barricada –Juventud Anticapitalista Revolucionaria–, que hemos intervenido de lleno en la lucha del conjunto de los trabajadores universitarios, así como rechazamos desde el inicio del conflicto la posición del gobierno, denunciamos a la burocracia de la APUCV y FAPUV por ser cómplices del régimen interno antidemocrático de las universidades autónomas y bregamos por la autoorganización desde las bases en lucha para tomar en sus manos la dirección de la lucha, rechazamos y denunciamos también esta última maniobra de encajonar la lucha en la diatriba gobierno-oposición.

No renunciamos al derecho a huelga ni a las manifestaciones de calle, como derechos democráticos irrenunciables de los trabajadores y explotados en sus luchas

Debe quedar claro, sin embargo, que esta posición no implica en modo alguno avalar la lógica del gobierno de que sólo las marchas a su favor puedan desplazarse libremente por la calles de la capital y llegar hasta los puntos claves del poder político. Como hemos dicho muchas otras veces, cualquier restricción y mayor poder de veto del Estado burgués sobre las libertades de organización, lucha y manifestación, por más que en algunos casos puntuales sea esgrimida contra sectores más de derecha o de la reacción burguesa, siempre terminará recayendo con mucha más fuerza y contundencia contra la clase obrera y el conjunto del pueblo empobrecido. ¡Ahí están para demostrarlo los casi 150 trabajadores y trabajadoras enjuiciados por hacer algún paro, huelga, tranca de calle o manifestación por sus reivindicaciones! ¡Ahí están las decenas de campesinos enjuiciados por ocupar tierras! ¡Ahí están los procesados judicialmente por trancar alguna calle exigiendo servicios públicos para el barrio o viviendas! ¿Y cuántos empresarios, terratenientes asesinos, comerciantes ladrones o banqueros usureros enjuiciado? ¡Ninguno!

Más aún, el gobierno definitivamente ha llevado la cuestión salarial de los profesores universitarios a donde quería llevarla como así también lo han terminado haciendo las direcciones gremiales pro oposición yéndose a los brazos de la propia MUD–, que es el de la polarización gobierno-oposición, donde, como decimos, los únicos que pierden son los trabajadores que ven cómo a sus luchas e intereses les impiden surgir y tomar vuelo propio, les impiden posicionarse con personalidad social y política propia en el escenario nacional. El gobierno denuncia el paro como “político”, pero si hubiese otorgado un aumento salarial no regateado y parcial, si no se hubiese empeñado en no recibir ni reconocer a las direcciones gremiales de los profesores, si no hubiese desconocido las Normas de Homologación, no habría fundamentos para la reaccionaria política que han tomado las direcciones profesorales. No puede hacerse el desentendido de su prepotencia patronal en este punto, dándosela de muy “duro” contra reclamos salariales mientras se entrega de brazos a lo más concentrado de la burguesía nacional –¡golpista casi toda en 2002 y 2003!– recibiéndolos con bombos, brindándoles trato cordial, autorización para aumentar precios, exoneración de pago de impuestos y “todo el apoyo que necesiten”.

¡Fuera de las luchas de los trabajadores la oposición patronal con su demagogia barata y oportunista! ¡Luchemos contra la burocracia profesoral que le entrega la lucha de los docentes para su política reaccionaria!

Las direcciones burocráticas de la FAPUV y demás asociaciones de profesores, junto a las autoridades universitarias y las direcciones estudiantiles opositoras, lo que están es obrando para facilitar el orientación que se ha dado la oposición burguesa de aterrizar con su demagogia oportunista en aquellas luchas de trabajadores que piensa que puede utilizar para llevar agua a su molino. ¡Ya vimos al mismísimo Capriles –burgués no solo por su proyecto político sino también por su posición de clase y la de su partido– posar de “solidario” en la pasada campaña presidencial exigiendo aumentos de salario! La oposición pretende aprovechar el legítimo descontento y luchas de los trabajadores contra las políticas antiobreras del gobierno para buscar ampliar su base social entre la clase trabajadora. Y si el gobierno con sus políticas de ajuste capitalista facilita ese trabajo de la oposición burguesa, los trabajadores con conciencia de clase y la izquierda revolucionaria debemos oponer con firmeza una perspectiva de independencia de clase contra esta variante política reaccionaria, y descaradamente proimperialista.

Por de la independencia política de las luchas de la clase trabajadora

Los trabajadores y trabajadoras (y la juventud combativa y consecuentemente revolucionaria) tenemos por delante el desafío crucial de evitar que las luchas de nuestra clase sean encorsetadas, desplazadas o mutiladas en su contenido en función de las lógicas e intereses de estas dos opciones políticas patronales que se disputan la gestión del capitalismo en el país. Ambas pugnan por quién y cómo administrará la descarga de la crisis económica sobre el pueblo trabajador, la gestión de los “ajustes”: las devaluaciones, los bajos salarios, la negativa a discutir los contratos vencidos, los juicios o represión a los que luchan, los aumentos de los servicios públicos e impuestos, las autorizaciones a los empresarios para aumentar los precios y exonerarles impuestos, la preservación de las ganancias empresariales, etc. Eso es lo que nos espera, en menor o mayor medida, con cualquiera de estas opciones.

Por eso debemos insistir en todo momento en luchar con celo por la independencia política de las luchas de los trabajadores, es decir, hacer valer las demandas propias de la clase trabajadora, con lógicas políticas y estrategias propias, sin permitir que el contenido de estas sea copado por intereses ajenos a las luchas o sirvan para que se apoye sobre nuestros hombros uno u otro bando patronal.

Por un espacio y polo de resistencia en las universidades por la independencia política de la lucha de los trabajadores

En el transcurso de este conflicto, en la UCV se logró poner en pie un modesto Comité Estudiantil de Apoyo a la lucha de los trabajadores, cuya plataforma fue la perspectiva de unidad entre estudiantes y trabajadores en lucha, la necesidad de la autoorganización, y la pelea no solo contra el gobierno por las reivindicaciones salariales sino también contra las autoridades universitarias y el régimen interno antidemocrático que sostienen. La existencia de este comité constituyó un espacio de confluencia para un activismo y militancia estudiantil sin ceder a las dos principales corrientes que se pusieron en acción en el conflicto. Frente a estos dos polos, y el hecho que no se desarrolló un verdadero movimiento estudiantil en las escuelas y facultades, que no hubo una masiva participación estudiantil ni un movimiento asambleario vigoroso que fuera marcando la pauta, el Comité Estudiantil de Apoyo puesto en pie tuvo el mérito de dar pelea para que los y las estudiantes que querían participar de la lucha no tuviesen como alternativa solo a estas dos opciones.

En las actuales circunstancias, nos parece más necesario aún continuar bregando por un espacio de estas características. Un espacio amplio y unitario de aquellas corrientes políticas y de aquellos trabajadores, profesores y estudiantes que coincidamos en la necesidad de dar la pelea por las justas demandas de la clase trabajadora universitaria y de pelear por su independencia política. Un espacio que puede fungir como polo de resistencia en lucha por la independencia de clase de la lucha, donde confluyamos los que rechazamos la maniobra de la FAPUV y no vamos a la marcha de la oposición patronal este sábado, pero tampoco avalamos la política patronal gubernamental ni vamos a su contramarcha. Extendemos este llamado para confluir y discutir desde ya los posibles puntos de acuerdo para poner en pie un espacio de estas características.

Liga de Trabajadores por el Socialismo
LTS

www.lts.org.ve / lts@lts.orgve

Juventud Anticapitalista Revolucionaria
BARRICADA

barricadarevolucionaria@hotmail.com

28/06/2013.

viernes, 3 de mayo de 2013

"Voces de otra CLASE"



Desde Santa Cruz, Bolivia...
http://www.youtube.com/watch?v=WVxUzrcGaM8&list=UUyVVI0fLIF6e6ZwEyIx6_ig



martes, 16 de abril de 2013

Extractos de la posición de la LTS - Venezuela frente a los ataques callejeros de Capriles:


Rechazo a los ataques a los módulos de Barrio Adentro:

"En las movilizaciones realizadas en la tarde y noche de ayer convocadas por Capriles, para rechazar la proclamación de Maduro por parte del CNE y para exigir el reconteo de los votos, se desarrollaron ataques contra algunos módulos de barrio adentro, hostigando o incluso dañando instalaciones de los centros de salud. Desde la Liga de Trabajadores por el Socialismo (LTS) rechazamos categóricamente estos ataques reaccionarios y completamente antipopulares, incluso con ribetes de xenofobia hacia los médicos cubanos que allí laboran. ¡Hay que hacerle frente! El pueblo organizado en los barrios, llamando a asambleas, mediante discusiones públicas y abiertas, ha de definir los métodos para pararle la mano a estas acciones. Los módulos de barrio adentro –y demás instalaciones deportivas o educativas, si fuese el caso– son una conquista social del conjunto del pueblo trabajador y pobre, y como tal deben ser defendidos. La defensa de los centros de salud públicos no significa en modo alguno el apoyo político al gobierno nacional, no hay que estar con Maduro para hacerle frente a estos ataques, se trata de una posición clara de defensa de lo que constituyen conquistas sociales del pueblo trabajador y pobre, por lo que llamamos en estos casos específicos a un frente único de clase, obrero y popular, para pararle la mano a estos ataques, con los métodos de los trabajadores y el pueblo, con base en la democracia obrera y popular para definir la orientación política y las acciones a tomar, sin que implique necesariamente una subordinación al esquema de movilizaciones ordenadas por el gobierno de Maduro."


LTS - Venezuela

jueves, 7 de marzo de 2013

VENEZUELA: La muerte de Hugo Chávez abre una nueva etapa

Declaración LTS







Este martes 5 de marzo, en horas de la tarde, el vicepresidente se dirigía al país anunciando el fallecimiento del presidente Chávez, producto del cáncer que se le diagnosticara a mediados de 2011. Es indudable que la muerte de Chávez causa una gran conmoción nacional con fuertes repercusiones internacionales, y no es para menos, se trata de la desaparición física de quien durante casi década y media gobernó Venezuela, encabezando un importante cambio de régimen político y un proyecto que lo llevó a ser el centro de importantes enfrentamientos políticos y sociales durante los últimos años, un proyecto político que concentró (y aún hoy concentra) las expectativas y las esperanzas de la mayoría del pueblo trabajador, un líder de masas que ingresó a la historia política nacional hace dos décadas y desde entonces no salió de ella, al contrario pasó a ser la figura principal de la misma. Chávez tuvo además una gran influencia en América Latina, e incluso a nivel mundial. Sin duda, es desde ya una de las personalidades políticas más importantes de la historia nacional de las últimas décadas.


Desde la LTS (Liga de los Trabajadores por el Socialismo) comprendemos y respetamos la tristeza de muchos trabajadores y trabajadoras, campesinos y campesinas, y del pueblo pobre, por la muerte de Chávez. Repudiamos todo “festejo” de la derecha local y del imperialismo. Sin embargo, precisamente por tratarse de un dirigente político que se autodefinía como representante de los intereses el pueblo trabajador y pobre, y su desaparición física es motivo de discusiones sobre su legado, como socialistas revolucionarios no compartimos el balance que se hace desde el gobierno nacional venezolano y simpatizantes del chavismo a nivel internacional, pues, como hemos sostenido en estos años y desarrollaremos a continuación, no fue Chávez expresión de un liderazgo revolucionario ni anticapitalista.


Decenas de miles de venezolanos/as, trabajadores y jóvenes de los sectores populares asistieron a los funerales de Hugo Chávez. El impacto por su muerte se sintió en América Latina. Este dolor se explica porque, comparado con los partidos neoliberales del régimen del “punto fijo”, Chávez hizo una redistribución aunque muy limitada de la renta petrolera que creció bajo su gobierno de manera exponencial, ya que el barril de petróleo pasó de 20 a más de 100 dólares. De esta manera dio ciertas concesiones al movimiento de masas, sobre todo a los sectores más pobres como en el campo de la salud y de la educación, teniendo en cuenta que la pobreza había alcanzado al 80% de la población a fines de los ´90. En su etapa más de “izquierda” luego de que la movilización popular derrotara golpe de estado de abril de 2002 llevado adelante por la derecha y el empresariado, con el aval de la embajada norteamericana y gobiernos conservadores como el de Aznar del Estado español, Chávez tomó algunas medidas como la reversión parcial de las privatizaciones de los ’90 (recomprando algunas empresas a precios de mercado), o el rechazo al ALCA, la política de libre comercio impulsada por Estados Unidos, que le permitieron ganar un amplio apoyo.


Pero a pesar de ciertas concesiones al movimiento de masas y de sus roces con la Casa Blanca, sobre todo bajo la presidencia de Bush, Chávez no fue un “revolucionario” o un “antiimperialista”, muy lejos estuvo de eso. En realidad, su llegada al poder permitió una salida a la crisis de dominio de la burguesía tras el Caracazo de 1989, recomponiendo la autoridad del Estado, sobre todo las Fuerzas Armadas, y mediante una Asamblea Constituyente, reemplazó la desprestigiada IV República por un nuevo régimen “bolivariano”, basado en mecanismos plebiscitarios, un régimen bonapartista articulado en torno de la figura presidencial. Para cumplir este papel Chávez, basándose en las Fuerzas Armadas y apoyándose fundamentalmente en los pobres urbanos, construyó un régimen con rasgos de lo que los marxistas llamamos “bonapartismo sui generis de izquierda” en sus momentos más de izquierda, es decir, regímenes que otorgan ciertas concesiones al movimiento de masas para ganar su apoyo y maniobrar frente a la presión imperialista y el capital extranjero, sin llegar nunca a superar la dependencia y el atraso en los marcos de la propiedad privada capitalista. Pero en esencia, Chávez expresó una forma de conducir la sociedad burguesa en crisis, precisamente ante la ausencia de un proceso revolucionario real que llevara a las clases explotadas a la cabeza del poder político, ante la ausencia de una revolución que elevara a los trabajadores a la condición de clase dirigente del país, apareció este liderazgo bonapartista, surgido de las propias fuerzas armadas burguesas.


Por esta política, Chávez tuvo un gran apoyo, principalmente entre los sectores más pauperizados de la sociedad, y gozó de una gran simpatía en América Latina y sectores de la izquierda mundial, y una férrea oposición patronal, a pesar de que en sus 14 años de gobierno los grandes sectores económicos y empresariales jamás vieron tocados sus intereses, y más aún siempre mantuvieron su ganancias. Bajo el chavismo, el Estado tuvo un rol más intervencionista en la economía, aunque de conjunto esta intervención estuvo al servicio de preservar los intereses de la burguesía nacional, incluidos nuevos sectores –la llamada “boliburguesía”- que se enriquecieron de la mano del chavismo. A la vez, se generó una gran burocracia estatal que vive y hace sus negocios a partir de la administración de empresas clave que pertenecen a la nación como las petroleras, las industrias básicas, las de telecomunicaciones y de otras áreas económicas.

Los límites del nacionalismo burgués de Chávez

Después del golpe derrotado de 2002, el chavismo inició un proceso de nacionalizaciones, retornando a la esfera del Estado las viejas empresas que habían sido privatizadas en los ‘90, entre ellas Cantv, Banco de Venezuela, Sidor, etc., esta última que había sido adquirida por un precio irrisorio por Techint, y otras empresas privadas como cementeras y alimenticias. Sin embargo, estas nacionalizaciones fueron en realidad compras realizadas a precio de mercado, por lo que estas patronales y grandes grupos económicos no vieron afectados sus intereses.

En cuanto a la estructura económica, bajo Chávez el capitalismo venezolano no superó su carácter atrasado, basado exclusivamente en el ingreso de la renta petrolera y poco y nada de un desarrollo industrial diversificado. El aumento generalizado de las importaciones en los últimos años (se importa un porcentaje muy alto de alimentos de consumo básico), la dependencia extrema del petróleo, el vertiginoso sobreendeudamiento estatal y las altas tasas de inflación siguieron corroyendo una economía cuyo padrón de acumulación rentístico en nada ha cambiado en la casi década y media que llevó Chávez en el gobierno. Incluso en el área del petróleo, más allá de un fuerte discurso nacionalista de control estatal de los hidrocarburos, la constitución de empresas mixtas en las que el Estado controla el 60% de las acciones, las transnacionales con el 40% restante no solo eran partícipes en los negocios de la producción y las exportaciones sino que se transformaron en dueñas de los activos, es decir, se apoderaban del 40% completo de la empresa misma a lo que antes no tenían posibilidades de acceder. Al momento en que Chávez dejó el gobierno, de cada 100 dólares que ingresaban al país por exportaciones, apenas 4 dólares no provenían del petróleo. Esto implica que ante la eventualidad de una caída abrupta de los precios internacionales del petróleo, los imperialistas intentarán cobrarse su deuda –a la que Chávez pagó puntualmente- con los activos o llevando al país a una crisis de cesación de pagos. Fue por eso que, dejando una economía en tales circunstancias, desde el punto de vista burgués, solo les queda iniciar un camino de “ajustes” para hacer recaer sobre las masas trabajadoras y pobres el peso del endeudamiento estatal. Ajustes que ya había anunciando Chávez y que iniciaron con su puño y letra en la devaluación de principios de febrero pasado. Unos “desequilibrios” económicos y “contradicciones” insalvables de la propia lógica de su proyecto, pues tienen una razón clara y sencilla: la convicción de Chávez de no romper con el capitalismo.

En lugar de llevar adelante un proceso de abolición de la propiedad burguesa (nacional y extranjera) y socialización de las riquezas como base para la resolución de los problemas nacionales y de las masas obreras y populares, el chavismo optó por renegociar porciones de la renta petrolera con las trasnacionales, aumentar impuestos (incluido el IVA) y desarrollar un enorme endeudamiento del país, es decir, pedirle prestado precisamente a los banqueros y gobiernos capitalistas.

La relación con el imperialismo

En el plano externo, durante la presidencia de George Bush, Chávez buscó una política exterior independiente y de confrontación, con un fuerte discurso antinorteamericano, el que fue modificando en un giro político a mitad de su segundo mandato colaborando en mantener el orden regional. No participó de la ocupación de Haití impulsada por Estados Unidos y garantizada por los gobiernos latinoamericanos, entre ellos el argentino y el brasileño, mantuvo una estrecha relación con Irán, se opuso a las guerras de Irak y Afganistán, y más en general a la “guerra contra el terrorismo” llevada a cabo por Bush. La renta petrolera le permitió al chavismo ampliar su influencia regional, haciendo un uso diplomático de la venta del petróleo a bajo precio a países como Nicaragua, Honduras, entre otros. Pero más particularmente, esta política se expresó en la relación con Cuba, en la que Venezuela se transformó en un verdadero sostén para que la isla pudiera subsistir, entregándole petróleo a precios subsidiados, pero promocionando al mismo tiempo la apertura pro-capitalista de la burocracia castrista. Como parte de esta política de ganar influencia regional, el chavismo puso en pie el ALBA, que pretendía antagonizar con los proyectos de libre comercio impulsados por el imperialismo.

Sin embargo, tomada de conjunto, la política exterior de Chávez jugó un papel clave en mantener y colaborar para la estabilización del orden regional en América Latina, incluso impulsando instituciones regionales como la UNASUR de la que si bien está excluido Estados Unidos, no es antagónica con los intereses del imperialismo en la región.

Con la asunción de Obama, el régimen chavista planteó una política más conciliadora con Estados Unidos, esto además de sufrir retrocesos, como el golpe de estado en Honduras contra Manuel Zelaya, uno de los aliados de Chávez y miembro del ALBA. Este giro hacia una política más “moderada” y contemporizadora llevó a que Chávez terminara reconociendo, tras acuerdos con el presidente Santos de Colombia, al gobierno de Porfirio Lobo, hijo directo del golpismo hondureño. Donde más se evidencia este giro es en la política hacia las FARC colombianas, en la que Chávez pasó de exigir que se reconozcan como fuerza beligerante a colaborar directamente, con la actuación incluso de los servicios de inteligencia, con la política de Juan Manuel Santos de persecución a dirigentes guerrilleros de las FARC y por tanto a contribuir a su cerco por parte del ejército genocida colombiano, llegando hasta la entrega de militantes de las FARC que se refugiaban en territorio venezolano.

En los últimos años, Chávez fue relegando a un segundo plano su plan del ALBA, que está muy debilitado, e ingresó directamente al MERCOSUR centro de verdaderos negocios capitalistas de las burguesías latinoamericanas del Cono Sur y de las transnacionales que operan en dichos países.

Por último, bajo un supuesto “antiimperialismo”, Chávez terminó apoyando dictaduras odiadas como la de Kadafi en Libia o la de Assad en Siria, mientras masacraban a sus propios pueblos.

Qué significó el “Socialismo del siglo XXI”

Chávez no se cansó de hablar del “Socialismo del siglo XXI”, pero como ya explicamos este supuesto “socialismo” no significó más que algunas reformas, manteniendo y recomponiendo el régimen de dominio burgués y garantizándole los negocios a los capitalistas. Y es que este “Socialismo del siglo XXI” no significó otra cosa, más allá de sus políticas redistributivas como han sido las Misiones que implicaron cierta distribución de la renta petrolera, que un régimen y gobierno de desvío y de contención del movimiento de masas, en uno de sus períodos de ascenso de luchas y de cuestionamiento al orden imperante. El “Socialismo del siglo XXI” de Chávez, deja la misma sociedad de explotación y opresión, matizada con dosis de “justicia social”, donde ha variado muy poco la realidad de un país con las “desigualdades sociales” propias de la sociedad de explotación. Los datos oficiales muestran que para el 2010 el 20% más rico de la población se quedaba con el 45% del ingreso nacional, mientras al 20% más pobre le correspondía apenas un mísero 6%. Las familias que conforman el 40% de la población con menores ingresos no obtienen siquiera una quinta parte del ingreso nacional (apenas recibieron un 18%). Todo esto mientras siguen en pie los negocios de los empresarios y banqueros, tanto nacionales como extranjeros, llevando los ricos y la clase media alta una vida ostentosa.

Para el chavismo, se puede hablar de socialismo aun cuando no se busque abolir la propiedad burguesa ni destruir el Estado burgués; se puede ser “revolucionario” sin desarrollar el poder obrero y popular contra los capitalistas y su Estado, sino más bien fortaleciendo la confianza en el Estado de los capitalistas; se puede ser anticapitalista aun cuando se garantice en todo momento la propiedad y negocios capitalistas, combinados con elementos de propiedad estatal y dosis de regulación estatal; se puede ser “obrerista” aun cuando no solo se preserva la explotación de los trabajadores sino que se desarrollan discursos y políticas que criminalizan las luchas obreras que desafían la voluntad patronal o del Estado. Esa inconsecuencia entre el discurso y la práctica es parte de un legado que no esclarece sino que confunde la conciencia de clase de los explotados.

La criminalización de las protestas obreras y populares

Bajo el chavismo se constituyó un entramado judicial que criminaliza y penaliza la protesta obrera y popular, un conjunto de leyes gracias a las cuales se considera un crimen hacer huelgas, paros, movilizaciones o asambleas en una gran cantidad de lugares, áreas productivas y de trabajo. Es por este conjunto de leyes que más de un centenar de trabajadores y trabajadoras han sido objeto de juicios o medidas de restricción a su actividad sindical y política en los últimos años, incluyendo la cárcel, de lo que fue caso emblemático el ferrominero Rubén González preso más de año y medio por hacer huelga, y condenado a 7 años y medio de cárcel, liberado solo por la presión obrera que se venía. Es un legado de coacción y disciplinamiento patronal de la voluntad y luchas obreras, que muy lejos de ayudar al avance de los trabajadores, al contrario lo que hace es contribuir al temor, la desmoralización y la sumisión a las condiciones de la explotación. ¡Todas leyes aprobadas por iniciativa de la mayoría chavista en la Asamblea Nacional, sin la más mínima oposición de Chávez, todo lo contrario!

En este sentido, para el régimen chavista, hay que alabar a los trabajadores y trabajadoras cuando marchan ordenadamente tras el gobierno y limitan sus iniciativas de lucha a los marcos del “socialismo con empresarios”, pero hay que desacreditarlos y atacarlos, verbal y físicamente, cuando desarrollen sus métodos y exigencias de lucha combativos sin tutela estatal. El propio Chávez más de una vez encabezó discursos y ataques contra luchas duras de trabajadores, incluso llegando a amenazar con militarizar fábricas o empresas estatales si los trabajadores insistían en sus exigencias o medidas de lucha, ordenando directamente la actuación de los cuerpos de “inteligencia” contra dirigentes sindicales. En general, Chávez deja como herencia política para sus continuadores y para las masas, que los explotados y pobres deben confiar y ser agradecidos con el Estado burgués.

Conciliación de clases

Chávez deja como herencia la idea nada revolucionaria ni socialista de la colaboración de clases, es decir, de una “patria” y una “nación” donde convivan explotados y explotadores, ricos y pobres. Una ideología que no busca desarrollar la lucha de los explotados hasta el final contra sus explotadores para derrocarlos y construir un nuevo orden social, sino que pregona la convivencia entre explotados y explotadores, que no quiere abolir la sociedad de clases, sino que quiere que la explotación de clase continúe… aunque enfocada hacia “la grandeza de la patria”.

Hay que resaltar mucho el hecho de la reconstitución de la legitimidad y autoridad de las fuerzas armadas burguesas. Chávez inculcó una idea de hermanamiento del pueblo trabajador con esas fuerzas armadas. Pero son las mismas fuerzas que, por solo dar algunos pocos ejemplos: reprimieron a los trabajadores de Petrocasa en Carabobo, reprimen a los trabajadores de las empresas básicas e Guayana; reprimieron a los obreros de la Sanitarios Maracay bajo gestión obrera y a muchos otros de otras fábricas de Aragua; reprimieron a los trabajadores y militantes solidarios con la lucha en Galleteras Carabobo; reprimieron a los obreros de la Mitsubishi en Anzoátegui asesinando a dos de ellos; reprimieron a los obreros petroleros que trabajan para la Compañía Nacional de Petróleo China (CNPC); reprimen a los damnificados cuando exigen viviendas; reprimen a los pueblos originarios cuando exigen sus derechos; reprimen a los campesinos cuando ocupan tierras; son cómplices del sicariato terrateniente contra campesinos e indígenas yukpa; etcétera, etcétera. ¡Esas son las fuerzas represivas del Estado burgués con quien Chávez decía que había que hermanarse!

Pero mientras alienta la conciliación con los capitalistas, el chavismo introdujo elementos que pueden llevar al enfrentamiento entre los sectores más pobres y la clase trabajadora, contraponiendo los salarios a los recursos para las misiones, y las luchas obreras a los intereses “del país”.

La etapa post-chavista

Si durante casi tres meses de ausencia se vivió un período de incertidumbre y de indefinición política, acrecentado por el secretismo de Estado, que había abierto una crisis política por el vacío generado por la ausencia de Chávez, más allá que desde las altas esferas se quiera dar una apariencia que se gobierna en normalidad, ahora con la muerte de Chávez esta crisis es indiscutiblemente abierta. No estamos hablando apenas de una crisis de coyuntura política, sino de esa forma de gobernar sustentada alrededor de una figura fuerte, cristalizándose en una personalidad política, que se propuso elevarse por encima de las clases, e incluso por encima de las distintas fracciones de la clase dominante en todo este largo período político, lo que llamamos de bonapartismo, basado en unas fuerzas armadas altamente politizadas.

Si bien Chávez muere teniendo importantes grados de popularidad como se evidenciaron en las dos últimas elecciones, esto no significa que la situación que se atraviesa no esté tensada por traumas políticos, difíciles de conjurar, más aún, cuando se discute una transición forzada por las circunstancias y en un enmarañamiento de contradicciones, una transición hacia una etapa post-chavista. Pues bien sabemos que todo esto no depende exclusivamente de la popularidad que Chávez supo tener, sino del entramado de las fuerzas internas con pujas e intereses propios dentro de las facciones políticas del partido de gobierno conocido por sus claras diferenciaciones políticas, pero también a las demás fracciones burguesas, e incluso del propio imperialismo que sigue atentamente la situación del país. Una situación traumática porque el papel de árbitro de Chávez no puede ser desempeñado por ninguna figura aunque fuere designada, tal como es el caso de Nicolás Maduro, por mucho que gane las próximas elecciones presidenciales, ni mucho menos por ninguna nueva camarilla que pacte entre ella para intentar mantener un chavismo sin Chávez. Es que el equilibrio de las fuerzas basado en un bonapartismo tenía una base de inestabilidad permanente, pues era claro que el bonapartismo personal de Chávez, por su propio carácter, se convertiría en generador de caos si desaparecía físicamente, y este es el caso.

Desde las fuerzas de la oposición de derecha, y sobre todo desde su eventual candidato presidencial para las elecciones que se convocarán, Henrique Capriles Radonski, que ya venían en actitud pre-electoral, renovó “el compromiso del diálogo y la paz en Venezuela y extienden su mano a las autoridades del Gobierno”, manifestando también que "Esta no es la hora de las diferencias sino de la paz y la unión", buscando seguramente una transición pactada hacia una nueva forma de dominio político. Aunque luego de las dos derrotas consecutivas que ha tenido electoralmente, y que la han dejado desarticulada y con sus divisiones internas acentuadas, en estas futuras elecciones la oposición buscará establecer un reposicionamiento mejor en la correlación de fuerzas en las discusiones del post-chavismo.

Aún es incierta la forma en que se dará el post-chavismo, los reacomodos que hoy vemos en el juego y la pugna de los sectores de los grupos dominantes y bonapartistas del aparato estatal, como la expresión clara de los conflictos por alumbrar de un nuevo sistema de dominio con el que buscarán reemplazarlo, irán reconfigurando la nueva etapa que se abre. Si ya desde diciembre y febrero, se venía observando una situación política tomando un curso sinuoso y con contornos indefinidos, sin Chávez todo lo que parecía sólido comienza a desvanecerse o al menos a perder consistencia, abriéndose una nueva etapa política en el país.

Los desafíos de la clase obrera en la nueva etapa política

Tras la muerte de Chávez, los trabajadores no pueden aceptar el chantaje que desde el gobierno seguramente se les presentará, ni entrar tampoco en la demagogia abierta que ha venido presentando la oposición de derecha con su cínica pose “antidevaluatoria”, cuando son también los principales impulsores de medidas capitalistas. Se le plantea a la clase obrera y el conjunto del pueblo pobre nuevos desafíos, etapa en la que es imprescindible orientarse con total independencia política y de clase preparándose en la situación que se abre, y no terminar siendo carne de cañón de las disputas de los de arriba en sus discusiones de un post-chavismo y completamente a sus espaldas.

Por eso, mientras el chavismo desde el gobierno se reacomoda tras la muerte de Chávez y se prepara para “ajustar” su modelo de administración del capitalismo nacional en función de reducir los pocos elementos de llamada “justicia social” en favor de mayores niveles de explotación y sostenimiento de las ganancias patronales, y se prepara también la nueva elección presidencial, mientras la oposición burguesa se prepara con demagogia para estas mismas elecciones presidenciales, los trabajadores debemos prepararnos desde ya para luchar organizados y con contundencia por lo que nos corresponde, para arrancarle a los patronos, sean públicos o privados, al gobierno nacional y los gobiernos regionales, mejores salarios, el cumplimiento de las contrataciones colectivas, mejores condiciones de trabajo, coordinándonos desde las bases en lucha, sin depositar confianza en ninguno de los dos bandos que por ahora se disputan la gestión de la sociedad burguesa y que discuten el post-chavismo.

Pero mientras tanto el ataque al bolsillo del pueblo trabajador continúa, como significó la reciente devaluación que se suma a la alta inflación. Por eso decimos que ante la devaluación, el incremento en los precios y la inflación, es necesario luchar por aumentos salariales que cubran la canasta básica familiar y la escala móvil de salarios, es decir, que si la inflación aumenta también debe aumentarse automáticamente el salario. Dinero para salarios y las necesidades obreras y populares, no para la banca y el capital imperialistas, no al pago de la deuda externa. En vez de pechar al pueblo trabajador que se impongan impuestos progresivos a los capitalistas, las grandes fortunas y las ganancias. Por la total nacionalización de la banca bajo control de los trabajadores, para que se destinen los recursos nacionales a un plan de obras públicas, viviendas, escuelas y hospitales que emplee todas las manos disponibles y garantice un salario acorde a la canasta familiar a la que hoy la amplia mayoría de los trabajadores no alcanza. Por el monopolio del comercio exterior. Cese de la persecución y anulación de las causas judiciales contra los más de dos mil luchadores obreros y populares, basta de criminalización de las luchas, no más muertes obreras ni de dirigentes de pueblos originarios, justicia frente al vil asesinato de Sabino Romero.

Para dar esta lucha hasta el final es necesario que al calor de la experiencia de lo que ha significado el legado de Chávez, la clase obrera se alce en una perspectiva superior, donde sea ella la que forje su propio destino y decidan sus propios pasos y métodos de lucha, peleando por la constitución de organismos de autodeterminación y autoorganización de los propios trabajadores, por sindicatos militantes, independientes del Estado y los patronos, que peleen decididamente por la independencia de clase y la democracia obrera, para barrer esa burocracia sindical que no es otra cosa que correa de transmisión de los intereses patronales o del gobierno.

La independencia política es clave, aunque para encauzar esta lucha más decididamente es necesario la construcción de un partido obrero revolucionario e internacionalista, que lleve la lucha hasta el final, pues no habrá solución a las demandas fundamentales si no es en el combate decidido en la perspectiva de la lucha por un gobierno propio de los trabajadores y el pueblo pobre. El régimen chavista demostró que la burguesía es incapaz de conducir la lucha por la liberación nacional con respecto al imperialismo y conquistar la unidad de América Latina. Frente a los proyectos burgueses como el MERCOSUR o el ALBA el camino es avanzar hacia una Federación Socialista de América Latina.

06-03-2013

http://www.lts.org.ve/La-muerte-de-Hugo-Chavez-abre-una-nueva-etapa